El comienzo

Como empezar, sin nada que contar.

Como continuar, si aun no sé amar.

Como acabar, si ya ha muerto y no volverá.

Fue frugaz, como un destello. Rápido, como una centella.

Quedó maravillado.

Cuanto más vivía, más quería. No pensaba en la pena.

Pena que le atacó y, mordido, cayó paralizado.

No esperaba aquella puñalada, fría y silenciosa.

Dejaba escapar el tiempo, sin darse cuenta de lo mucho que valía.

No pudo remediar su error.

Simplemente esperó. Aguardó al trágico desenlace que esperaba.

Se había acabado.

Pensó, y se dijo a sí mismo lo mucho que añoraba aquello.

Era tarde, se había hecho de noche y su tren partía, sin estación de regreso.

Estaba oscuro.

Pensaba en el tiempo…

” Es curioso ver, cómo antes de que algo ocurra, nosotros mismos ya nos autoconvencemos de que esto o lo otro no va por buen camino y un desenlace no muy bueno se acerca… y nos asesina”.

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