La conciencia

Ella es dulce y misteriosa claridad

días enteros, noches y tardes sin mar.

Vino sola y asesinó mi libertad,

que agonizante, rezó para salvar

mi alma joven aun por culpa de la edad.

 

¡Pobre alma mía!

Ahogaste a la paloma mientras dormía,

inauguraste mi nueva vida fría.

¡Pobre alma mía!

 

De entre el cielo y la tierra

emergió ella, radiante

asesina de guerra.

Sórdida escama de ante.

 

¡Pobre alma mía!

Cuchillos clavados en mi corazón,

penas que se suicidan desde mi balcón

¡Pobre alma mía!

 

Ella es el universo,

el clímax de los sentidos, la vida

fútil sin lado opuesto.

Ella es el corazón que siempre olvida,

ella es la letra, el verso

que escribo ahora como despedida.

 

” Al final siempre queda el amor o el odio. Lamentablemente, el amor a veces escuece tanto como la sal en los ojos, y el odio se convierte en el único sustituto por negligencia del alma”.

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