MIAMI CONNEXTION

Binker Harlem buscaba una palabra que expresara lo que sentía por aquella chica rubia de clase cuando la puerta de su cuarto se abrió de repente dejando al descubierto los restos de su compañero de habitación:
-“Biiiiinker”-Dijo una voz entrecortada y que parecía que fuera a apagarse con pronunciar dos sílabas más.

Johann Wegel se hallaba recostado entre la pared del pasillo y la puerta de su cuarto, con una camisa rota salpicada de sangre y un ojo reventado. Binker lo miró casi sin inmutarse y apagó el flexo, que ya empezaba a oler a plástico quemado. Cogiendo a Johann por la cintura y levantándolo después, lo entró en el cuarto y cerró la puerta. Después lo tiró en la cama y tras mirarle un momento, hizo una pausa y le habló:
-Hoy es la cuarta noche. ¿De verdad esperas que me crea que te fueron mal las cosas en la partida?-paró de nuevo-. En realidad, no es que crea que te han ido mal las cosas, sino que te han ido fatal: la primera noche volviste con dos putas del Goldrush, la segunda noche me invitaste a whisky de malta, y ayer me pagaste la deuda que me debías. Hoy no es un buen día para celebrar nada por lo que parece… Cuando tú ganas siempre. Has jugado solo, sin nada que te motive. Has tirado $500 a la basura y nos has jodido a los dos. ¿Me escuchas?¡A los dos!-Binker iba elevando cada vez más el tono de su voz-. ¿No te basta con pedirme ayer el doble, con jurarme por tu madre y rogarme que te diera el dinero, que encima vas y lo pierdes todo?¡Te debería de matar aquí mismo!.
Binker estaba muy nervioso, así que optó por liarse una canuto de “weed” sentado en la ventana. Fumó hasta perder la habitación de vista. No quería pensar en la mañana siguiente.

Mientras tanto Johann estaba en la cama, incapaz de pronunciar una palabra. Sabía que la noche anterior, al devolver la deuda a su amigo y pedirle el doble de crédito poco después había sido un error. No tenía que haberle devuelto el dinero. O por lo menos, no debió pedirle el doble: ahora Binker estaba en deuda con una chavala rubia y hasta él mismo sabía que ni la palabra más estremecedora podría hacerle conseguir a la chica más rica de Miami.

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