UN PAÍS CON PUS

Vivimos en un país con pus. Vivimos en un país donde el esfuerzo no tiene recompensa más allá de una palmadita en la espalda, y en el que cuanto más robas a tu vecino, mejor recibido eres por aquellos que son de tu condición.
Este es un país maravilloso, con sol en invierno y en verano, con playas, con chiringuitos durante todo el año, con botellón, con hachís, con tortilla de patata… pero es un país, lamentablemente, tercermundista. Y no es que sea precario en cuanto a su infraestructura o a sus telecomunicaciones, es precario en cuanto a pensamiento. En cuanto a conciencia. En cuanto a moral.

No tenemos suficiente con que un Gobierno nos mienta casi cada día, nos utilice como excusa en sus negocios y leyes, nos “aplacebe” con palabras y medidas irrisorias, nos escupa sobre nuestro futuro o nos imponga qué es descargable y qué no; que encima nosotros, los españolitos de a pie, nos enfrentamos por saber quién se indigna más con todo esto: si los que están en la izquierda o los que están en la derecha. Todo esto viene de atrás, de otros tiempos en los que el país se encontraba partido por la mitad y una terrible guerra se encargó de llevarse la vida de hermanos, amigos y hombres. Sobre todo de hombres, humanos. No caigamos en los mismos errores que nos llevaron al suicidio en la otra vida; no volvamos al odio, a la violencia, a la envidia… Creo que el país se encuentra en un estado de letargo moral desde hace varios años hacia aquí. La gente parece cansada: ¿por qué?, ¿será que el sedentarismo que devora cada vez más a la raza humana es el culpable? Yo creo que sí. Y en este país entendemos, y mucho, de eso. Es irónico que nos hayamos vuelto cada vez más perezosos, pero no es de extrañar que con estos últimos años de “bonanza económica” hayamos prosperado de tal forma que si nuestros abuelos levantaran la cabeza, probablemente no sabrían ni cómo vivir: ahora lo tenemos todo, mientras que ellos lucharon y se ganaron lo que buenamente pudieron. Simplemente para que sus hijos tuvieran un futuro, los que ahora son tus padres.

” ¿Acaso era tan difícil salir a la calle a protestar contra este Sistema roto, manipulado y caciquil? ¿De verdad no nos dimos cuenta antes? Yo creo que sí, pero había demasiada gente aprovechándose del Sistema. Demasiadas hormigas para tan estrecho hormiguero”.

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