REVOLUCIÓN

Hoy la vida se levantó deprisa. En la ventana se dibujaba una sonrisa que el sol se encargó de fotografiar y guardar en el álbum de “utopías”.

Hoy, tú hablabas de “cambio” en la cafetería de la facultad y yo, como tonto por tus ojos y tu manera de silbar con las palabras, asentía con la cabeza. La luz entraba a borbotones a través de los cristales. El césped ardía de ganas. Los pájaros no cantaban melodía alguna. Hoy la tarde apareció de súbito, como un sueño a medio soñar. La Revolución estallaba afuera y los pasos alborotados de la primavera se hacían oír desde kilómetros a la redonda. Tú me hablabas de curiosidad, y de misterio, y de esperanza. Y entonces yo, poseído por tu pelo y por tus ojos, por tus dientes de luna y tus manos de caramelo, salté. Salté al vacío y casi me muero al caer sin ti.

Hoy la vida se acostó tranquila, sabiendo que ya nada volvería a ser lo que era.

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