REFLEXIÓN 8

Nacemos del mismo modo que morimos, la única diferencia es que los críos lloran y los viejos callan. Y callan porque saben que la vida se acaba, porque saben que el tiempo es un enemigo inmortal, que todo lo absorbe y que todo lo empapa de esa esencia añeja y perenne que hay en el paso de las horas. En el paso de los minutos, de los segundos…

En cambio, los críos lloran sabedores de que su tiempo no ha hecho más que comenzar.

Hay que morder al mundo desde el principio, hay que plantar cara, hay que hacerse fuerte y dejar, suavemente, que los demás nos impregnen de su esencia.

Sólo así crearemos un mundo nuevo.

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